Comienza así este Retrato de chabolista con piso. Los dos
párrafos que hemos citado continúan plenamente vigentes más de veinticinco años
depués del inicio de la operación. Por poner un ejemplo inmediato, la introducción
en Google de unas siglas clave como OREVASA (Ordenación
y Remodelación de Vallecas S.A.) (la empresa de capital público y gestión mixta
público-vecinal encargada de gestionar la macrosuboperación de Palomeras) no
produce más que 17 enlaces. No vamos a extendernos en la descripción de la Remodelación de
Barrios; en esta misma biblioteca se encuentra el texto con el que esta
operación urbana se presentó al concurso de Buenas Prácticas de Naciones Unidas
en el año 1996 resultando catalogada como GOOD (Un ejemplo de participación y
renovación urbana: la remodelación de barrios en Madrid (España)).
La lectura de este texto, que vendría a ser la versión oficial de la
operación permite hacerse una idea global de su desarrollo y características
principales.
En los textos consultados, incluido el libro aquí reseñado, se
detecta una doble actitud que mezcla la ilusión y la emoción frente al proceso
con un cierto desánimo y decepción en cuanto a los resultados.
Este desánimo
tiene diversas vertientes: en general da la impresión de que los vecinos no
pudieron o no supieron adaptarse a sus nuevos barrios (sobre este punto planea
la sombra de la llamada crisis social de los años ochenta, aunque Villasante et al. (1989) se
preguntan por cuál hubiera sido el desarrollo de la misma en los viejos
barrios); el movimiento vecinal madrileño se descompuso tras la operación (tras
la consecución de objetivos y la incorporación de muchos militantes a los
nacientes partidos políticos de izquierda);
Así fue, erste fue uno de los ejercicios que se hicieron en los años de la llamada democracia española, donde el tejido social, producido como se produce la población civil, lo estudié lo sigo estudiando cuando trabajé variosaños, directamente, en la "ANIMACIÓN SOCIOCULTURAL QUE SE LLEVÓ A CABO EN LOS AÑOS
Las Asociaciones de Vecinos, potentes, como por ejemplo l de mi barrio ASVEYCO, donde algunos, muchos, trabajamos, después de nuestros trabajos cotidianos, en dar clases dentro de CEPA de la Asociación. Alfabetiación, principalmente, y graduado Escolar, certificado de Estudios Primarios, se llamaba.
el resultado físico de la operación
encuentra numerosas lagunas (con bloques modernos); se lamenta la ausencia de
figuras alternativas de construcción de ciudad (inclusión de operaciones
públicas de alquiler o exploración de nuevos tipos de vivienda)...
La Remodelación a vista
de pájaro
¿Qué características resumen esta
operación? ¿Por qué tiene interés reseñar hoy este libro en un boletín sobre
mercado inmobiliario?
- ¿En qué consiste la operación? En primer lugar, más allá de otras
consideraciones, nos encontramos con un objetivo muy ambicioso y claro:
«Un objetivo enunciado explícitamente era que el precio a pagar por la
nueva vivienda nunca superara el 10% de los ingresos familiares» (Castro, 1996).
- ¿Quién pone en marcha y pilota el proceso? En segundo lugar, la fuerza motriz que impulsó
todo el proceso no fue otra que la de los ciudadanos de a pie; «[...] los
vecinos son el sujeto activo de los problemas que plantean la necesidad de
las remodelaciones. Conforman una fuerza política que los transformará en
agente histórico y su incidencia en todos los planos y durante todo el
proceso los sitúa como autores de las transformaciones de sus condiciones
de vida» (Hernández, 1987).
- ¿Qué diferencia esta operación de otras políticas
de vivienda social? No sólo se
obtendría una vivienda, sino que «estas viviendas estarían en el mismo
lugar que las anteriores y su construcción se controlaría por los futuros
usuarios hasta en los más mínimos detalles» (Leal y Tobío, 1986).
- «[...] el Estado reconoció por fin el derecho de
encauzar el valor urbano en favor de quienes habían construido la ciudad
--no de los propietarios del terreno ni de los presuntos promotores que
desaban lucrarse con la urbanización[...]-- Y se volvió a proyectar la política
urbana de manera que el cinturón interior del núcleo de Madrid fuera
habitado por los pobladores de las barriadas de chabolas una vez que
estas últimas se hubiesen eliminado: renovación urbana, pero no remoción
social» (Castells, 2001).
- Consiguieron también ciudad. «Los vecinos
pedían viviendas en el mismo suelo en que residían y en las mejores
condiciones de financiación. Y han conseguido sus pisos en barrios con
mejor nivel de urbanización que los de su entorno metropolitano
periférico sin haberse desplazado apenas del antiguo lugar de residenciay
a acambio de un desembolso económico que difícilmente llega al 10% de sus
ingresos familiares» (Villasante
et al., 1989).
- «Otro aspecto innovador consistió en imponer la
participación de los residentes en el proyecto y aplicación del plan de
utilización del suelo y en la construcción de los bloques de viviendas» (Castells, 2001). La
participación no fue una demanda caprichosa. La desconfianza hacia las
formas de hacer de la administración era máxima, los vecinos tenían
presente el estado desastroso de numerosas promociones sociales
del franquismo, tal como nos recuerda Martín
Arnoriaga (1986). Pérez
Pérez y Pérez Pérez (1998) ilustran otro capítulo en el
que la participación fue imprescindible para la llegada a buen puerto de
un diseño físico: el Parque Lineal de Palomeras cuyo proyecto inicial,
previo a la intervención vecinal, situaba la autopista M-40 entre el
parque y las viviendas, alejándolo de éstas y perdiendo la oportunidad de
aprovechar el parque como elemento de amortiguación entre el barrio y la
infraestructura. También resultó decisiva la participación en la
coordinación entre las diferentes instancias administrativas que
complementaban la mera construcción de viviendas, tal como recuerda Félix
López Rey (Hernández, 1987)
y como se muestra en la creación de equipamientos como el Centro
Sociocultural Mariano Muñoz (Bru y Basagoiti, 2001).
- ¿Qué postura asumió la administración en el proceso,
cómo lo valoró? En cuarto lugar,
la administración acaba dando respuesta a las reclamaciones de los vecinos
pero siempre arrastrada por ellos.
«Se produce una
especie de vacío de poder en el campo de la gestión, la planificación, la
elaboración de los censos, el diseño, que terminan por ocupar los propios
vecinos a coste, eso sí, de vencer todo tipo de resistencias inerciales de
quien, incapaz de ejecutar, ve con desconfianza que otro lo haga en su lugar» (Villasante et al., 1989), pero
también por las circunstancias:
«Era una
reivindicación de la dignidad exigible por unos vecinos para los que el hecho
de habitar se resumía a existir en unas condiciones inadmisibles. Y era una
reivindicación política formulada en un momento complejo donde fuerzas de
extrema derecha e izquierda podían quebrar la cuerda floja de mínimo consenso
sobre las que caminaban las débiles instituciones predemocráticas. A nadie
convenía que miles de ciudadanos se manifestaran en la Castellana sumándose
con sus legítimas aspiraciones a un desorden no deseado» (Román, 2003).
La administración hace todo lo posible para que el programa de
Barrios en Remodelación sea una operación irrepetible: «Desde la perspectiva de
la administración, la remodelación se planteó siempre como una operación
especial, cerrada y censada con nombres y apellidos de los beneficiarios», se
realizó bajo un marco jurídico que se encargaba de garantizarlo: «la Orden Comunicada
tenía entre otras cosas la impagable virtud de evitar su extensión a otras
ciudades con similares problemas de vivienda[...] ni de lejos la remodelación
es fruto de la sensibilidad de la Administración hacia un acuciante problema
social» (Villasante et al., 1989).
- ¿Cómo se
financió el acceso de los vecinos a la vivienda? «Hay que partir
de que cuando un núcleo de población se estanca en una situación marginal
y, de la que demuestra querer salir, pero no puede, el problema se
encuentra configurado en términos de demanda insolvente. Existe un escalón
entre el poder adquisitivo de la población y los precios de la vivienda en
el mercado. Es más una cuestión financiera en cuanto a condiciones de pago
aplazado, que de valor de ejecución del producto. La única salida es
subvencionar los costes del capital aplazado, y ampliar los plazos.
Rellenar ese escalón imposible de salvar» (Paredes Grosso, 1983). Según las condiciones
establecidas por la
Orden Comunicada, enunciadas en Castro (1996), el precio
que los vecinos debían pagar por la vivienda se descomponía en:
- 5% de aportación
inicial aportada por el vecino.
- 20% de préstamo
(devolución al 5% de interés anual).
- 75% de anticipo
(devolución sin interés).
Tanto el préstamo como el anticipo se amortizan a 35 años. Las
cuotas de amortización serán crecientes al 4% anual. Los casos de especial
necesidad se beneficiaron de condiciones más ventajosas. A estas condiciones se
les deducían las indemnizaciones por suelo y por la vivienda antigua así como
subvenciones a fondo perdido que en algunos casos podrían alcanzar hasta el 30%
del precio de la vivienda. En el caso de Palomeras se incorporó a la operación
la posibilidad de ingresar en el Banco Hipotecario la indemnización por
la expropiación de la vivienda previa con un interés fijo negociado en el 13%
(quedando el interés global en los pagos a devolver a la Administración en
torno al 1% anual). La inmensa mayoría de los vecinos optó por la propiedad, es
de destacar que hecho el cálculo, las mensualidades por el alquiler resultaran
más elevadas que las de adquisición en propiedad. También hay que reseñar que
estas condiciones fueron únicas a la operación, el resto de vivienda de
promoción pública se regía por otras normas que elevaban el precio de la
vivienda y reducían los plazos de amortización (las tripas de la gestión se
desentrañan en Vinuesa (1987)
y Paredes Grosso (1983)).
- ¿Cuál fue el
saldo económico global de la operación? Según explica Vinuesa (1987), la
inversión pública, en pesetas de 1986 se descomponía en 159.104 millones
de pesetas en obra y 27.614
millones invertidos en la obtención de suelo, a los que hay que
sumar otros 11.000 millones de pesetas en suelo aportado por la Administración
(valorado a precios oficiales de módulo), la inversión total rozaba por
tanto los 200.000 millones de pesetas. La cantidad recuperada por la Aministración ascendía
a unos 62.000
millones de pesetas (aproximadamente un tercio de la inversión). No
acaba de estar claro si estos números se refieren sólo a la construcción
de las viviendas o si incluyen la totalidad de la operación: sistemas
generales, infraestructuras, equipamientos, urbanización y una inmensa
bolsa de suelo público para futuras operaciones. Advierte Eduardo Hernández (1987)
que hay que incluir todos estos parámetros para esbozar el verdadero saldo
económico de la operación. Sin olvidar un aspecto importantísimo, esta
operación fue posible en parte por la alianza que el sector de la
construcción asumió con la misma, dado que necesitaba un motor que
lo mantuviera en funcionamiento en momentos de recesión.
Este Retrato
de chabolista con piso intenta acometer la labor de disección de la
operación, con vistas a comprenderla en su mecanismo más interesante: la
función desempeñada por el tejido social. Esta labor forense se realiza
con vistas puestas en el futuro: «La remodelación puede ser, en este sentido,
un interesante vivero de experiencias que permita remediar errores pasados y
plantear soluciones futuras» (Villasante
et al., 1989).
Los
autores intentan en todos los capítulos huir de valoraciones lineales, procurando
ofrecer siempre un abanico de categorías de clasificación que permiten
modelizar con mayor sensibilidad la complejidad del tema. Para ello se asumen
tres líneas de trabajo:
- Economía/sociología. Historia del
proceso, contada por sus propios protagonistas con apoyos de datos
estadísticos y cronológicos.
- Ecología urbana. Análisis del
antes y del después de la operación. Observación de las características
físicas de los barrios resultantes. Si bien el análisis físico de los
barrios analizados es exhaustivo y se ha hecho un esfuerzo por describir
la valoración y el uso que merece el espacio para los vecinos, tanto el
público como el de las viviendas. En cuanto a la relación entre el diseño
físico del espacio y la participación de los vecinos resulta paradigmático
el caso de Meseta de Orcasitas, podemos encontrar descripciones y
materiales en el libro editado por la propia asociación (Martín Arnoriaga, 1986).
Echamos de menos, quizás, la aparición de un análisis que vincule el tipo
y la intensidad de la participación con el resultado físico final, y que
evalúe cómo podría haberse optimizado el resultado físico a través de la
interacción vecinos-técnicos.
- Etnología
ciudadana.
Tipos de tejido y usos del espacio que realizan los ciudadanos. Tejido
social antes y después de la remodelación. Encuesta y percepción del
proceso una vez concluido éste.
Este
enfoque investigador pretende ahondar en la búsqueda de conceptos que permitan
describir con precisión los resultados, sus virtudes y sus defectos, intentando
consolidar ideas que nos permitan un acercamiento más sensible a los mecanismos
de creación de ciudad. Estas ideas-fuerza serían lo acogedor y la apropiación:
«El espacio no es algo muerto, es paisaje y por tanto relación entre formas de
energía y formas de conciencia. El sentimiento energético de acogida e
integración en el medio físico acogedor está en relación directa con el
concepto de apropiación (que viene de lo que hemos llamado ``alojarse o ser
alojado''). Por tanto, el espacio físico no es el determinante que crea
comunidad y paisaje, sino que es el hacernos ciudadanos lo que va
transformando el paisaje hasta hacerlo apropiado y acogedor. Hacer ciudades es
el resultado de un proceso de conciencia social, y no al revés. Y no es un puro
deseo, sino el resultado de los ejemplos que hemos analizado, y a lo que hemos
llegado en buen número de los capítulos precedentes. Pero esta metodología,
holística y radical, no se apoya en simple voluntarismo, sino también en datos
concretos y técnicas, y ante todo es una puerta de abrir caminos para la
transformación social de la realidad».
No se
puede olvidar la variedad de técnicas empleadas para hacer posible la
investigación, nos limitamos aquí a enumerarlas: colaboradores de barrio,
análisis de la documentación, análisis cuantitativo inicial, entrevistas en
profundidad (50 entrevistas), grupos de discusión de ocho personas procedentes
de sectores informales activos de base (diez grupos de discusión), encuesta (a
partir de 500 entrevistas) y puntos de observación.
Participación y tejido social
En cuanto a los barrios, se clasifican según su tamaño y origen,
tal como se muestra en el cuadro 1.
Cada tipo de barrio vivió el proceso de forma diferente. Según el tipo de
modelo y de participación los resultados fueron notablemente distintos.
Consideramos valioso incluir un análisis detallado de ciertos aspectos del
libro. En adelante, cuando no se espeficique lo contrario, las citas corresponderán
a Retrato de chabolista con piso.
Para empezar, los autores del libro intentan hacer una valiosa
identificación de los agentes que participan en esta historia:
- La base social: «Recoge al
conjunto de los vecinos interrelacionados entre sí a través de vínculos
totales o primarios, de vecindad o parentesco. Se trata por tanto de
comunidades cuya cotidianidad está impregnada de arquetipos primordiales,
sin llegar a recrear valoraciones propias y manteniendo una pasividad
generalizada».
- Los poderes institucionales: «con una
cultura separada, ni siquiera se encuentran físicamente en los barrios
[...] La racionalidad que busca estar separada y distante, por encima de
las tensiones, sobre las clases sociales, pretendiendo superarlas».
- Los grupos
animadores:
«Agregados de pocas personas que pretenden actuar en la comunidad según
esquemas o pautas predeterminadas en gran medida por una orientación
previa [...] su punto de referencia sea algún horizonte ideológico amplio
y externo a la subcultura local, una ideología que anime al propio grupo y
que éste trata de difundir entre los demás vecinos para influir en ellos
de esta forma». Estos grupos animadores pueden pertenecer a la base social
de un determinado lugar o llegar desde fuera con distintas intenciones: interés,
curiosidad, altruismo, deseo de influencia, «[...] la comunicación que
suelen establecer los grupos con los sectores y la base
social [...] se da preferentemente para actividades concretas y en
momentos determinados».
- Los sectores
activos:
«[...] viven cotidianamente la vida de barrio, reproducen las pautas de
conducta de la subcultura, estereotipos de cada lugar. Son, en resumen,
uno más de las redes de parentesco y vecindad, pero destacan de la base
social en su conjunto por determinadas circunstancias que se narran en
cada caso. No se trata por tanto de sectores homogéneos, sino de personas
que, en determinados ámbitos (mercado, bares, parroquia, asociaciones de
vecinos, calles y en general lugares de encuentro), tienen una presencia
reconocida tácitamente por los demás y un influjo notable en sus opiniones
[...] lo que predomina es una cierta inquietud que puede generar activismo
por transmformar lo más cotidiano, su entorno, su vecindario [...] la
comunicación entre los sectores y los vecinos es siempre permanente
y circunstancial, aunque renovada».
Hay que
destacar que ninguno de estos cuatro modelos es puro, algunos agentes se van
transformando a lo largo de la historia, y en cada barrio, cada grupo adquiere
características y protagonismos diferentes. Esto se acentúa dado el momento
histórico de transferencias y mezclas entre base, movimiento vecinal, partidos
políticos, entrada de éstos en las distintas administraciones...
Se echa
de menos una descripción pormenorizada del papel asumido por la Coordinadora
de Barrios que posibilitó el despegue de la operación como un todo.
En cada
tipo de barrio tomó la iniciativa un agente distinto, encauzándose el proceso
por tres caminos diferentes:
- Ciudadanía: Se produce por
la «confluencia de grupos formales con los sectores informales [...] en
estos casos el énfasis se sitúa en la participación de los propios
vecinos. Se da una confluencia grande entre aquellos grupos formales que
acuden o están en el barrio y los sectores informales de éste [...] esto
hace que el proceso de transformación sea sentido subjetivamente como algo
propio. Hay un alto nivel de control, de forma que la asistencia técnica
es entendida como algo al servicio de los vecinos dando pie a un alto
grado de eficacia en la ejecución. El resultado final estará definido en
términos generales por la identificación de los nuevos vecinos con el
nuevo barrio». Este modelo se produce principalmente en los barrios-pueblo
de tamaño medio.
- Gestión: Las riendas
del proceso las toman los grupos formales y la administración. «En este
caso son los grupos formales del barrio, ya sean Juntas directivas de
asociaciones de vecinos u organizaciones políticas (habitualmente una
combinación de ambas dado que, en cierta forma, es difícil separar unas de
otras) quienes asumen prácticamente por completo el protagonismo de la
remodelación. [...] La sustitución de la participación directa por
mecanismos más o menos sofisticados de delegación comporta un
distanciamiento natural entre el producto final y sus futuros usuarios»
Los resultados de esta forma de hacer se verían reflejados principalmente
en la operación Palomeras, no exenta de tensiones (Cervera y Hernández, 1978
y López, 1978).
- Populismo: Se produce
cuando desde la administración o desde algún grupo animador
exterior al barrio se arranca el proceso. «[...] Se asienta en los barrios
menos consolidados, con un tejido asociativo débil y una capacidad de auto
defensa o de resistencia casi inexistente. Ya sean grupos o individuos se
termina por imponer un estilo paternal-asistencial que presenta ula
obtención de la vivienda no tanto como un logro del vecindario sino como
el fruto de la mediación de estos portavoces colectivos o individuales
ante la administración. La participación es aquí tan sólo una caricatura
[...] La descohesión comunitaria y la desvinculación con el producto
final, que no se siente como propio, son los frutos habituales de esta
forma de entender y acometer la remodelación». El prototipo de esta
situación se produciría en los barrios margen.
Cada una
de las vías conduce hacia un lugar distinto. Los autores identifican tres
grandes grupos de resultados:
- Tejido social: «[...] hacen
incapié en una serie de características propias que suponen una
incorporación ciudadana a partir de conservar o reanimar su propio tejido
social. Las formas de adjudicación, la hegemonía de una cultura
comunitaria, la falta de enfrentamientos entre grupos nicos o asociativos,
las formas de soluciones cooperativas ante problemas nuevos de
mantenimiento, etc., son algunos indicadores de lo que llamamos intentos
de cultura ciudadana».
- Integración
metropolitana:
«aquí juega mucho el carácter de centralidad del que se parte, el diseño,
y también la voluntad de indiferenciación de los vecinos, que prefieren
ser antes una calle, o una urbanización más, que un barrio diferenciado en
cuaqnto que aporte su propia fisonimía en la ecología urbana.»
- Pobreza y
marginación:
«Dicho en otras palabras, en determinados casos no hay tanto ghetto
como antes, pero en otros sólo se ha conseguido que la marginalidad
horizontal se ponga vertical, y quizás ocupe menos cuelo. Los grados de
pobreza perduran, y aún aumentan en muchos casos con la crisis, de forma
que la redistribución de rentas conseguida no es más que pan para un
día.»
La evaluación
de cada una de estas situaciones se realiza de una forma flexible a través de
la utilización de unos gráficos piramidales que permiten comprender la posición
relativa de cada barrio entre estos tres vértices. La relación entre los
modelos descritos y los resultados no es lineal.
La principal crítica que hacen los autores a toda la operación es
que tanto la administración como la mayoría de los técnicos reprodujeron sin
más el sistema y que los movimientos vecinales asumieron tal reproducción.
Grandes lagunas del proyecto son por ejemplo el olvido de espacios
para la producción y su vinculación con la educación y la gestión del espacio
público y semipúblico, que hubieran podido dar una cierta autonomía a los barrios y
prepararlos de cara a la crisis social que se produciría al poco de
ponerse en marcha la
Remodelación; la ausencia de distintos tipos de vivienda que
respondieran a las distintas situaciones de los vecinos; tampoco se ensayaron
fórmulas como las cooperativas de gestión o modos especiales de financiación ni
fórmulas de propiedad para el suelo público (tales como la cesión, el alquiler
o la venta del derecho de superficie...); faltaron análisis críticos sobre los
antiguos barrios que pudieran incorporar parte de sus valores al diseño de los
nuevos conjuntos, y que en cualquier caso incluyeran la información de la
topografía y del lugar; se falló al no prever que los gastos de viviendas de
este tipo (ascensor, calefacción...) podrían resultar inasumibles para parte de
los realojados.
En general se detecta que los barrios en que fue mayor la
participación fue también mayor la satisfacción. Se puede decir que se hizo
poco por cuidar el tejido social donde éste no tomó de manera firme la
iniciativa. No se valoró como positivo y como un objetivo a potenciar el
mantenimiento de esta participación a lo largo del tiempo. Se hizo también poco
por imitar los modos de los enclaves que mayor éxito tuvieron (Meseta de
Orcasitas, por ejemplo) intentando utilizar sus pautas en los lugares más
conflictivos.
En cuanto a las recomendaciones que se hacen de cara al futuro,
resulta de un interés enorme la aparición del concepto barrio-ciudad,
que los autores del libro desarrollarán en numerosos estudios posteriores:
«Profundizar en la noción barrio-ciudad, muy distinta del barrio-apéndice de la
urbe carente de una lógica propia, es un primer paso. Por ello nada mejor que
aprovechar el sedimento de décadas de conviviencia; impulsar todas las
iniciativas de descentralización metropolitana, que vayan articulando las
partes (barrio) sobre el todo (metrópolis); reducir la dependencia en materia
de empleo y ocio con respeto al centro tradicional creando flujos centrípetos
(entre distritos y barrios) y también centrífugos (de otras partes de la
metrópoli); descentralizar la oferta cultural y su hasta hoy irremediable
localización». Se insiste pues en el modo en que cada propuesta de barrio se
diseñó desgajada del resto, sin que se pensaran verdaderos mecanismos de
integración, ni físicos (continuidad de calles) ni de uso
(equipamientos, lugares de producción) que permitieran que estos distintos
trozos de ciudad funcionaran de forma coordinada.
Cabe destacar que muchas de estas limitaciones se produjeron por
falta de tiempo; al ver que la administración accedía a sus peticiones, los
vecinos tomaron como gran preocupación ver llegar el proceso a buen puerto:
querían las viviendas.
Y como conclusión, la pregunta que se hacía Paredes Grosso (1983),
arquitecto coordinador de la remodelación de Palomeras en el número monográfico
de la revista Arquitectura del Colegio
Oficial de Arquitectos de Madrid (COAM) dedicado al tema, y a la que
intenta dar respuesta, como hemos visto, el estudio aquí reseñado:
«¿Existe en todo esto un atisbo
de modelo de intervención urbana, aunque el mismo se encuentre conjugado en un
tiempo irregular e imperfecto, arrastrado por el frenillo de su propio
contexto? [...] Cuando en los gritos vecinales se ponía junto a ``Viviendas
aquí y ahora'', la pretensión de ``Una ciudad digna... Realizada... Bajo
nuestro control...'' se estaba hablando de una ciudad culta y democrática. Se
estaba proponiendo un modelo, imperfecto por real y realizable, pero no falto
de coherencia»
(Paredes Grosso, 1983).
Bru Martín, Paloma y Basagoiti Rodríguez,
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